| La EF escolar como vía de Educación para la Salud en el marco de un Programa de Escuelas Saludables |
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| escrito por Pablo Esper Di Cesare | |
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Página 6 de 9 Además, la práctica física debe convertirse en una experiencia positiva y satisfactoria si pretendemos desarrollar las actitudes hacia la actividad física. Pero esto supone ampliar en el alumnado el sentido de competencia y éxito en la realización de actividades físicas (Duda, 1996; Peiró, 1999; Treasure y Roberts, 1995), algo a lo que muchos profesionales de la educación física, como señala Devís Devís, 2000; no estamos acostumbrados, debido a la gran influencia que ha ejercido y ejerce el rendimiento físico y el habilidosismo en nuestra profesión. Sin embargo, la promoción de la actividad física y la salud en la educación física escolar debe estar vinculada a la participación y no al rendimiento. La educación física tampoco puede obviar su carácter educativo, basado en el conocimiento teórico-práctico que se utiliza cuando una persona se implica en la realización de actividades físicas (Arnold, 1991). Para algunos profesionales esto puede entenderse como el desarrollo de clases teóricas al estilo de las asignaturas académicas, cuando resulta que el currículum de la educación física es eminentemente práctico. Sin embargo, esto tampoco significa que eliminemos el conocimiento teórico de nuestras clases sino que, utilizado como complemento y en conexión con el práctico, podamos ayudar a una mejor comprensión conceptual y procedimental. De esta manera será posible que el alumnado llegue a tomar las decisiones más adecuadas sobre la realización de las actividades y a elaborar un programa propio de actividad física y salud que pueda desarrollarse dentro y fuera de las clases de esta asignatura. Debemos tener presente que uno de los objetivos de la Educación Física en los jóvenes y adolescentes es brindarle herramientas y conocimientos teóricos y prácticos para que puedan autogestionar su propia actividad física en la búsqueda de la adquisición de hábitos de vida saludables perdurables. La perspectiva sociocrítica se convierte en una parte importante de la educación física si queremos desarrollar todo el potencial que posee la asignatura en la promoción de la actividad física y la salud (Colquhoun, 1992; Devís y Peiró, 1992b). El abuso en las dietas y la búsqueda de la delgadez asociada a la actividad física y la salud, así como los productos, programas, imágenes y símbolos que rodean a la actividad física y la salud requiere dotar a los alumnos y alumnas de recursos y capacidades que les permita ser consumidores críticos. Y es precisamente la asignatura Educación Física, en trabajo transversal con las asignaturas provenientes del campo de las ciencias sociales y biológicas, el espacio curricular donde se deben abordar estos temas de vigente actualidad que interesan a los adolescentes de hoy. Si conectamos estas cuestiones con lo que decíamos antes de abordar los modelos, la educación física no sólo debe contribuir a mejorar la salud del alumnado, dirigiendo los esfuerzos educativos al carácter preventivo y de bienestar asociados a la práctica de actividad física, sino que también debe contribuir a la promoción de la salud. Es decir, incluir todo lo que contribuya a la adquisición de estilos de vida y entornos saludables, por parte del alumnado, más allá del periodo escolar. Por lo tanto la educación física debería recoger la práctica de actividades físicas (procedimientos) y también las actitudes, el conocimiento y la conciencia crítica que envuelve a la citada práctica y le resulten útiles en el presente y el futuro. Es por ello que proponemos intensificar la idea de Escuelas Saludables, poniendo énfasis en los Proyectos Educativos Institucionales, donde la Educación Física tiene mucho que decir y aportar en la promoción de la salud para colaborar en la lucha contra el sedentarismo y la obesidad que se han convertido en dos pandemias de nuestra sociedad moderna. Una Educación Física comprometida con la promoción de la salud del alumnado, cambiando su enfoque excesivamente deportivista por una visión que contemple lo mejor de los tres paradigmas presentados y que tenga como uno de sus objetivos principales, no entrenar a los mejores sino lograr la plena participación de todos los actores del sistema educativo, favoreciendo el pleno desarrollo de sus potencialidades, tomando a la Escuela saludable como un espacio democrático de promoción de la salud con tres objetivos claros que señalamos anteriormente: · Educación para la salud con un enfoque integral; · Creación de ambientes y entornos saludables y; · Diseño y entrega de servicios de salud y alimentación. |
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