| Historia de la Expresión Corporal I (Prehistoria y Primeras Civilizaciones) |
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| escrito por Dr. Miguel Ángel Sierra Zamorano | |||||
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Página 5 de 10 Unos pocos años más tarde Aristóteles (1972, 59), en su Poética diría: "... Por ejemplo la música de flauta y la música de cítara y las demás artes que puedan tener una característica propia definida, como la música de siringa, imitan recurriendo tan solo a la armonía y al ritmo y al arte de la danza imita con ayuda del ritmo, sin armonía; porque los que danzan, por medio de los ritmos figurativos, imitan caracteres, pasiones y acciones". Diem (1966a, 164) comenta que "los griegos diferenciaban en la danza el ejercicio físico, la gimnasia rítmica y la expresión del sentimiento humano. Era parte fundamental de la educación; los ejercicios coreográficos se practicaban desde la edad de cinco años hasta la senectud. También en este caso había certámenes con sus correspondientes premios. Una magnífica jarra para agua, procedente de Cilene y que se encuentra en el museo nacional de Atenas, lleva la siguiente inscripción datada en el siglo VIII: <<Al bailarín más elegante entre todos>>", un poco más adelante (Ibid., 165), que "con excepción del ballet, los helenos conocían todas las formas de la danza que siguen practicándose actualmente, en actuaciones individuales, por parejas, grupos y corros. El contenido espiritual de sus bailes abarcaba tanto la procesión como el coro ritual, la danza folklórica y la pantomima o danza de expresión, que a su vez encierra la escala de todos los sentimientos humanos, el amor y el dolor, la pena y la alegría, la glorificación y la burla, la deificación y el ludibrio, el más sublime sentimiento y la más vulgar obscenidad", añadiendo un poco más adelante (Ibid., 167) que "las pantomimas en un principio seguramente fueron una especie de contradanza...", y por fin afirma (Ibid., 168) que "el helenismo también conoció la danza como expresión inmediata de un contenido espiritual, como toda la escala de pantomimas, con máscaras, alegres o serias, o sin ellas...". Todo esto puede afirmarse tanto para Atenas como para Esparta, pues como apunta Marrou (1985, 36), "la cultura espartana no era únicamente una cultura física: aunque poco <<letrada>>, no ignoraba las artes; como en la educación homérica, el elemento intelectual está representado esencialmente por la música, la cual, ubicada en el centro de la cultura, asegura la unión entre sus diversos aspectos: por medio de la danza se vincula con la gimnasia; por medio del canto sirve de vehículo a la poesía, única forma arcaica de la literatura", y más adelante (Ibid., 64) añade que "su cultura y su educación eran más artísticas que científicas, y su arte era musical antes que literario o plástico. <<La lira, la danza y el canto>>, he aquí lo que era para Teógnis, por ejemplo, un sabio modo de vida". Se sabe que los griegos poseían una disciplina de las actitudes y de los movimientos a la que denominaban orquéstrica, que regulaba las actitudes de las danzas religiosas, ya que como afirma Durántez (1975a, 242), la danza, que formaba parte de la educación, tenía en aquellos tiempos en Grecia "un carácter deportivo-litúrgico".
Luciano (1990, 54-55) en su diálogo Sobre la danza, explica, de esta manera, el mito de Proteo: "... Yo creo que el antiguo mito sobre Proteo el egipcio no significa otra cosa sino que fue un danzarín con capacidad de imitación, que podía adoptar todas las formas y cambios, hasta el punto de imitar la humedad del agua, la violencia del fuego en la vehemencia de su movimiento, la fiereza del león, la rabia del leopardo, la agitación de un árbol, y, en pocas palabras, todo lo que quería. Sin embargo, la mitología, asumiendo en su aspecto más extraordinario, describía la naturaleza de Proteo como si realmente ocurriera lo que él imitaba...". Más adelante, señala, en dos momentos diferentes, cuál es el objetivo de la danza (Ibid., 62), bien "ser una ciencia de imitación y retrato, que da a conocer el pensamiento y hace inteligible lo oscuro", o bien (Ibid., 71), "en general la danza se compromete a mostrar costumbres y emociones y a representarlas". En relación con su práctica, aclara (Ibid., 68), que "como es un imitador y se compromete a explicar por medio de movimientos lo que está cantando, necesita, lo mismo que los oradores, practicar la claridad, para que todo lo que representa resulte evidente, sin necesidad de intérprete alguno, sino que, como decía el oráculo de Delfos, el espectador de la danza <<debe comprender a un mudo y oír a un bailarín que no habla>>". Y al referirse a la extensión de su arte, comparándolo con otros artistas, advierte (Ibid., 71-72), que "el bailarín, en cambio, lo abarca todo, y podemos ver que su equipo es variado y una mezcla de todo: flauta, siringa, golpear de pies, ruido de címbalos, voz melodiosa del actor, cadencia de cantores. Por otra parte, las otras actividades corresponden a una de las dos partes del ser humano, unas al alma y otras al cuerpo, mientras que en la danza ambas están combinadas. En efecto, la representación es una exhibición del intelecto y una expresión de actividad corporal, y, lo más importante es la sabiduría en el desarrollo de la acción y la inexistencia de algo irracional". La danza, que había alcanzado un gran desarrollo, también fue puesta en entredicho como contenido educativo, como lo había sido anteriormente el deporte (éste quizá por los motivos opuestos, pues se decía que conducía a la brutalidad [Jenófanes, Platón, Aristóteles, etc.], y como señala Diem (1966a, 164), "se discutía públicamente si la danza debía formar parte de la educación varonil; algunas opiniones la tildaban de afeminada". Por el contrario, como ya se ha visto, Luciano la defendía apasionada y enérgicamente. Para los griegos (Platón, Galeno, etc.), la danza era parte de la gimnasia, pero además de en la danza, también en la gimnasia se dieron aspectos expresivos. Van Looy (en Vanhove, 1992, 94) apunta que en las Panateneas, las fiestas más importantes de Atenas, además de los agones deportivos había "una competición de danza pírrica (una danza guerrera para hombres, con escudo y yelmo), competiciones musicales de canto y ejecución instrumental, y hasta una competición de euandria, la mejor postura a pie y a caballo, en la cual contaba mucho la belleza física". Es de suponer que en esta prueba de euandria, además de contar la belleza física, también tendría importancia la expresión, el gesto, el porte, etc., y que si se efectuaban competiciones en esta modalidad, existiría una preparación específica para la misma, en la cual muy bien podrían haberse inspirado, en sus visitas a los gimnasios y palestras, los escultores y pintores griegos, Escopas para su Ménade, Fidias para los frontones del Partenón, Mirón para su Discóbolo, Policleto y Alcamenes para sus Doríforos, Praxíteles para su Hermes y su Apolo Sauróctono, etc.
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