| Aportaciones y Aplicaciones del Modelo Transteorético de Estados de Cambio en Promoción de la Salud |
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| escrito por Dr. Alfonso Jiménez | |
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Página 1 de 11 INTRODUCCIÓN
El 40% de la población española sufre problemas de sobrepeso. Según informes recientes, en los últimos 15 años se ha triplicado en España el número de niños obesos, hasta alcanzar el 16% en la actualidad. Además, se ha situado en el segundo país de la Unión Europea con mayor número de afectados por este problema, sólo superado por el Reino Unido. Según datos actualizados, su impacto económico se estima en 721 millones de euros, lo que supone un 2,4% del coste sanitario total (SEEDO, 2005). Hipertensión arterial, diabetes, colesterol, insuficiencia cardiaca, arteriosclerosis o una mayor posibilidad de desarrollar tumores son algunas de las enfermedades asociadas a la obesidad. Los estudios demuestran de manera convincente que, sin una actividad física regular, el control del peso suele resultar imposible de lograr (Vuori et al., 1998). Por ello, lo único que realmente demuestra resultados estables es la práctica regular de actividad física (adaptada a las capacidades de cada sujeto), bajo una valoración y control específico (ACSM, 2001). Si nos detenemos en la enfermedad músculo-esquelética, en cualquiera de sus manifestaciones, la situación derivada de este modelo de comportamiento inactivo es muy similar. Así, por ejemplo, el dolor lumbar crónico afecta a millones de personas cada año y se asocia con una disminución importante de la función física y psicosocial (un 14,6% de la población española afectada, SER, 2005). La experiencia de dolor crónico es reconocida como un síndrome multifactorial con muchas causas diferentes, influenciado por factores socio-ambientales, predisposiciones y personalidades. Atendiendo a las características multifactoriales del síndrome, la tendencia actual es que el tratamiento se realice por medio de programas multidisciplinares, en donde el ejercicio físico ocupe un importante lugar (Forte, 2005). La situación en otros trastornos crónicos del aparato locomotor es muy similar (cervicalgias, hombro, rodilla, etc.), y en todos los casos es determinante identificar las capacidades y limitaciones de los sujetos previamente al inicio de un programa de entrenamiento. La actividad física habitual ofrece significativos beneficios en la prevención y tratamiento de múltiples enfermedades crónicas y en la reducción del riesgo de muerte (Blair et al. 1989; Bouchard, Shephard, Stephens, et al. 1990; Bouchard, Shephard, Stephens, et al. 1994; Paffenbarger et al., 1986, Salleras y Serra, 1991; Vuori, Fentem, 1995). No obstante, se ha estimado que, mientras la mayor parte de la población reconoce estos beneficios para la salud, el 60% de los individuos todavía no participa ni realiza actividad física de forma lo suficientemente regular como para poder obtenerlos (U.S. Surgeon General Report, 1996). Además, a pesar de que se produjo un aumento importante en esta participación entre 1960 y 1980, lo cierto es que estos valores se han estabilizado mucho en las dos últimas décadas (Pate, Pratt, Blair, et al., 1995). De esta forma, facilitar la adopción de prácticas de ejercicio físico regular y su mantenimiento a lo largo del tiempo (adherencia) continua siendo un reto, tanto para las instituciones, como para los diferentes profesionales implicados en este proceso, especialmente si consideramos que aproximadamente el 50% de los adultos que comienzan un programa de actividad física, lo abandonarán entre el tercer y el sexto mes (Carmody, Senner, Manilow, Mattarazzo, 1980; Dishman, 1988). Según muchos de los principales investigadores del campo de la adherencia a la actividad física (Dishman, Sonstroem, Marcus, Shephard, Godin, Sallis, Annessi), la ausencia de una aproximación teórica al estudio del comportamiento de los sujetos respecto al ejercicio parece ser la causa de la escasa comprensión sobre los procesos de adherencia al ejercicio en nuestros días, y consecuentemente, de esos bajos niveles de continuidad en la práctica de actividad física regular entre la población general (Godin, 1994).
Consecuentemente, y según Marcus y cols. (1998), es importante y necesario realizar intervenciones a medida, para poder atender las necesidades de la mayor parte de la población, constituida por los que son inactivos o poco activos. Para Prochaska y Marcus (1994), realmente aún se conoce poco sobre las intervenciones orientadas a la población general para promover la práctica de actividad física e incrementar de esta forma la proporción de sujetos interesados en iniciar un programa de ejercicio. Así, las campañas realizadas en medios de comunicación o en otros entornos y dirigidas a grandes grupos de población han demostrado pobres resultados. Según Knapp (1988), esto puede ser debido a que el mensaje de las propias campañas se dirige tan solo a aquellos sujetos que, o bien ya practican, o están considerando seriamente la posibilidad de hacerlo. En relación a ese abandono prematuro del que hablábamos anteriormente, y aunque numerosos investigadores han realizado estudios en esta línea y algunos han conseguido efectos positivos a corto plazo, en base a programas de corta duración, lo cierto es que el éxito en mejorar el mantenimiento de ese comportamiento activo a largo plazo ha sido muy limitado (Dishman, 1982, 1988; Martin, Dubbert, 1982, 1984). Varios han sido los modelos desarrollados en los últimos años para tratar de comprender los procesos de comportamiento de los sujetos respecto al ejercicio físico, e intentar promover la práctica y especialmente la adherencia a la misma. De esta forma, según Weinberg y Gould (1999), podemos destacar cuatro modelos o teorías fundamentales:
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Nunca antes en nuestra historia la población española ha presentado un comportamiento tan inactivo, y nunca antes este estilo de vida ha sido tan agresivo para nuestra salud. Con una actualización constante de datos alarmantes sobre el impacto y prevalencia de las denominadas "enfermedades hipocinéticas" (obesidad, síndrome metabólico, hipertensión, diabetes, cardiopatía coronaria, osteoporosis, etc.) nuestro futuro se presenta muy complicado, tanto desde el punto de vista de la disponibilidad de recursos socio-sanitarios, como del soporte económico del sistema asistencial, o del componente emocional y socioafectivo de los individuos afectados (Jiménez, 2006). [...]
Uno de los principales problemas detectados en ese abandono prematuro reside en que los programas de actividad física están diseñados para sujetos con una alta motivación y preparados para comenzar una actividad regular (Stephens, 1987). Y la realidad, como hemos señalado anteriormente, es que una gran proporción de individuos tienen muy poco interés hacia la actividad física (Marcus, Rossi, Selby, et al. 1992). Esta situación demuestra un planteamiento erróneo entre lo que habitualmente se ofrece (programas orientados a la acción) y la preparación y motivación al cambio de la población (inactiva y a menudo no interesada en la actividad). 
